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En tantas ocasiones he tenido que explicar por qué no dejo llorar a mi pequeña, que he anotado 10 de los que considero más importantes:

1. Porque es de las personas a las que más quiero en este mundo, y a las personas que quiero no me gusta verles llorar.

2. Porque siempre haré todo lo que esté en mi mano para que sea feliz.

3. Porque no creo que entienda que la dejo llorar para que duerma mejor (ni creo que duerma mejor después de un gran disgusto).

4. Porque a mi también me gusta dormir acompañada y me cuesta conciliar el sueño si estoy sola.

5. Porque quiero transmitirle que siempre que me necesite acudiré sin pensarlo.

6. Porque mi trabajo me impide verla durante más tiempo y el poco tiempo que estoy con ella prefiero disfrutar de su tranquilidad y no de sus llantos.

7. Porque considero que es muy pequeña para que ella entienda cuando es el momento de irse a dormir porque sus padres tienen que trabajar y ella madrugar.

8. Porque en pocos años preferirá todo lo contrario, que no esté en su habitación cuando se vaya a dormir.

9. Porque se me parte el corazón si llora simplemente porque quiere mi compañía y no voy.

Y la última, pero no menos importante:

10. Porque nos da la gana, sus padres decidimos ignorar a aquellos que nos indican que lo mejor es dejarla llorar hasta que se duerma.

Supongo que se me ocurrirían cientos de porqués ya que es una opción que tenemos clara, lo que me parece más triste es que incluso pediatras, profesionales a los que presuponemos buscan el bienestar de nuestros hijos, nos recomienden que ignoremos a nuestra niña, la encerremos en su habitación y escuchemos tranquilamente desde la puerta sus lloros para que se duerma pensando que sus padres pasan de ella.

El poco tiempo que disfrutamos de su niñez preferimos hacerlo de la forma más agradable posible para ella, y si eso se consigue acudiendo cada noche a su cama hasta que se duerma plácidamente, seguiremos haciéndolo hasta que ella me lo pida.

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